Varsovia, un nuevo fracaso

Por: Andrés Gómez O.

Hace dos semanas, con la asistencia de delegados de 195 países y de varias Organizaciones No Gubernamentales, fracasó en Varsovia, como tantas otras ocasiones, la 19ª Cumbre anual de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP19). Además, era evidente. Con los patrocinadores del evento, el resultado se venía venir: BMW, Emirates Air, Ikea y los gigantes polacos de los hidrocarburos PGE y Lotos Group (ver), todas empresas que son, o grandes consumidores de combustibles, o que tienen intereses en debilitar la imposición de limitantes a las emisiones de CO2.  Así continúa la historia, cumbre tras cumbre y fracaso tras fracaso, sin muestras de acción real. Desde Kyoto en 1997 a estas alturas, al menos una conclusión debemos sacar: los gobiernos del mundo no tienen un interés real en materializar los compromisos necesarios para hacer frente a la catástrofe del clima. Ni la cercanía en el tiempo de eventos tan desastrosos como el tifón Hayan en el archipiélago de las Filipinas, o los incendios de las “Montañas azules” en Australia, lograron debilitar con la evidencia, el poder de las grandes transnacionales minero-energéticas, en favor de los intereses de la totalidad de la humanidad. Si sabemos que Europa y Norteamérica son responsables de la mitad de las emisiones de CO2 desde la revolución industrial, mientras los otros 150 países, diferentes a China e India, se reparten el resto de la carga, ¿debe asumir la totalidad del planeta el deterioro de su patrimonio ambiental en favor de mantener las prácticas económicas de los sectores más privilegiados?

Parece ser que sí. Que ese es el destino del sur, de un sur ahora entendido en todas las direcciones, el de los desposeídos que comparten un destino inmutable. La apropiación en la época colonial de nuestros recursos naturales y la esclavitud de las poblaciones ancestrales americanas, asiáticas o africanas, son los factores que determinaron gran parte de nuestra situación actual de subdesarrollo material, en los términos en que la sociedad capitalista lo concibe. En general, en los países del sur se llevó a cabo un proceso de degradación sistemática del patrimonio productivo de los ecosistemas y de sus habitantes humanos y no humanos, hecho que permitió el flujo de riqueza hacia los explotadores, que ahora se manifiestan en enormes diferencias en niveles de desarrollo. En palabras del reputado ambientalista Enrique Leff: “El subdesarrollo es el efecto de la pérdida del potencial productivo de una nación, debido a un proceso de explotación y expoliación que rompe los mecanismos ecológicos y culturales de los cuales depende la productividad sostenible de sus fuerzas productivas y la regeneración de sus recursos naturales”. Ahora, además de continuar padeciendo dichos efectos históricos, seguimos asumiendo los costos escondidos de la producción de mercadería para el consumo global en la carrera por el crecimiento económico, alimentada por la combustión de hidrocarburos y sus devastadoras consecuencias en el clima global, que las mismas potencias hegemónicas, no tienen intención de detener.

Y se supone que debemos cifrar nuestras esperanzas en cumbres como la de Varsovia. Mejor ver la realidad. Así, descarnada. Estas fueron las palabras, (traducción personal de la cita del documento Climate After Growth, pp. 6), del líder más poderoso del planeta, el presidente estadounidense Barack Obama, cuando el New York Times le preguntaba sobre el tema en noviembre de 2012, pocos días después de su reelección y a semanas de que el huracán Sandy inundara Nueva York: “(…) creo que los americanos están muy concentrados, y lo seguirán estando, en la economía, la generación de empleo y el crecimiento económico. De esta manera si el mensaje es que ignoraremos la creación de empleos y el crecimiento, para simplemente enfocarnos en el cambio climático, nadie estaría de acuerdo. Yo tampoco lo estaría”.  Aunque cada vez sea mayor el número de afectados, es evidente que la política económica los considera como daños periféricos, que ocurren en zonas del mundo que no aportan significativamente al juego del mercado, en lugares, en ese inmenso sur, donde el dolor no cuenta a la hora de calcular el PIB de sus economías.

P.S.Y en Colombia nunca decimos nada. Más allá de reducidos sectores académicos, la discusión de estos temas ante el público general, casi que no existe. No se menciona el tema en las mesas de negociación del problema agrario, ni en los programas de gobierno de los partidos de izquierda o de derecha, si es que se preocupan por tener programa, ni mucho menos en las discusiones de la Habana. Tal vez nuestras “fuerte institucionalidad” nos hacen invulnerables a la realidad planetaria.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Lo que somos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s