Ciudadanos de desecho

Por: Andrés Gómez O.

La crisis ambiental que enfrenta Hong-Kong ante el colapso de los rellenos sanitarios que deben recibir 13.000 toneladas diarias de residuos, es más que una situación particular, la generalidad de las megalópolis modernas en su afán de crecimiento económico a través del consumo desmesurado (ver artículo). A finales del año anterior Bogotá se enfrentó a una situación similar, en la que decisiones administrativas pusieron en evidencia la crisis del sistema de recolección y disposición que debe hacerse cargo de cerca de 7.000 toneladas diarias. En ese momento, mediados de diciembre de 2012, la discusión general en los medios de comunicación se centró en la necesidad de una recolección eficiente, sin señalar la responsabilidad individual de los ciudadanos, y partiendo del tema económico como argumento principal para la indignación: pago una factura por tasa de aseo para que alguien aleje de mi vista los desagradables residuos. Parece que la basura deja de ser molesta cuando está fuera de nuestra vista, ya el problema será para otros que por su situación económica tienen que vivir cerca de los rellenos sanitarios. Por esto es pertinente preguntarse ¿Tenemos alguna idea de dónde va a parar la basura que dejamos despreocupadamente en las esquinas a la espera del carro recolector?

La caracterización de residuos sólidos en Colombia arroja cifras similares a las del resto de Latinoamérica. La mayor generación de residuos por habitante se observa en los estratos altos, y es mayor el porcentaje de residuos orgánicos en los sectores más pobres. Una distribución típica nos muestra que el 65% de los residuos sólidos son orgánicos (restos de comida principalmente), y un 18% plásticos y vidrio. Estos dos grupos, sumados a los aparatos eléctricos y electrónicos descartados (e-waste), constituyen la mayoría de los residuos producidos, que van a parar a los llamados rellenos sanitarios, que no son más que huecos enormes en el suelo con algún tipo de revestimiento y forma de recoger lixiviados que se construyen en zonas deprimidas. En el caso particular de Bogotá, los residuos terminarán en el sur-occidente de la ciudad, en el relleno “Doña Juana”, un depósito de 24 años de antigüedad y con 596 hectáreas de extensión del que las opiniones sobre su vida útil varían en extremo: unos dicen que termina en 2013 y otros que tiene sectores que podrían utilizarse por 20 años más. Los ciudadanos que tienen que habitar cerca de los botaderos, son parte de la moderna arquitectura de las ciudades de hoy. Guetos de miseria llamados en este caso Mochuelo Alto y Mochuelo Bajo, que reciben los desechos de las fortalezas de riqueza inexpugnables donde todas las necesidades son satisfechas, incluso la de desaparecer sus desperdicios en detrimento de la salud de otros.

“Según un estudio realizado entre mayo de 2005 y enero de 2006 por la Universidad del Valle, el aire presente en los barrios Mochuelo Alto y Mochuelo Bajo tiene partículas de PM10, sustancia que inflama los bronquios; Benceno, un gas incoloro que causa alteraciones del ritmo cardíaco, puede producir leucemia y convulsiones, y Xileno, un líquido que puede presentar molestias en el estómago, los pulmones, hígados y riñones. También problemas de memoria e irritación de la piel, ojos, nariz y garganta.” La señora Vitelvina Velasco, habitante del sector, cuenta su propio drama: “(…) padece varias enfermedades a causa del relleno sanitario. Debe dormir con oxígeno desde hace cuatro años y fue diagnosticada con EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica). También sufre de tos crónica y una evidente dificultad para respirar y hablar porque cada palabra que dice la deja sin aliento. Su piel morena está cubierta por una alergia desde hace varios años. Tiene algunas costras por la rasquiña que le produce. La hidrocortisona que le recetan solo le calma la picazón”. Otro de sus habitantes relata: “en cierta época del año son tantas las moscas que parecen nubes negras. Comerse un plato de comida se convierte en una verdadera hazaña”. Estos serían algunos de los efectos colaterales de la pobreza. Ciudadanos, en su mayoría desplazados de sus lugares de origen por la violencia, que se vuelven otra vez víctimas de la lógica que gobierna nuestra realidad, como lo denuncia el portal “kienyke” (ver artículo).

Como podemos observar, los rellenos sanitarios no son más que una forma inadecuada de trasladar las consecuencias del consumo a las poblaciones más vulnerables. Si observamos la cifra anterior, 65% de los residuos corresponden a materia orgánica, podríamos plantearnos soluciones a escala individual que son perfectamente replicables a escalas mayores. Si tan sólo asumiéramos la responsabilidad de mantener esta materia orgánica por fuera de los rellenos sanitarios a través de la adecuada separación en la fuente y el compostaje en nuestros hogares, reduciríamos en casi dos terceras partes los residuos y mejoraríamos las condiciones de vida de muchas personas y del planeta en general. Este tipo de iniciativas son un éxito rotundo en programas como “Cero Residuos” de la ciudad de San Francisco, California. La dirigencia de la ciudad propone para 2020 un escenario que parece imposible para una ciudad de semejantes dimensiones: que ningún residuo termine en el relleno sanitario (ver programa). Allí deberíamos apuntar, a partir de asumir responsabilidades individuales sobre nuestras actividades y mediante la presión social a los políticos para que afronten el problema de manera adecuada. Mientras tanto nos debemos conformar con el crecimiento indiscriminado de los basurales, como el de ficción (¿o tal vez no?), que describe Italo Calvino en su libro “Las ciudades invisibles”: La basura de Leonia poco a poco invadiría el mundo si en el desmesurado basurero no estuvieran presionando, más allá de la última cresta, basurales de otras ciudades que también rechazan lejos de sí montañas de desechos. Tal vez el mundo entero, traspasados los confines de Leonia, está cubierto de cráteres de basuras, cada uno, en el centro, con una metrópoli en erupción ininterrumpida.

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1 comentario

Archivado bajo Lo que somos

Una respuesta a “Ciudadanos de desecho

  1. Gabriel Jaime

    Excelente Chucho, interesante análisis de un situación todavía “invisible” en esta sociedad embelecada en la libertad de consumir cualquier cantidad de objetos innecesarios y desechables

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