Los caminos de la felicidad

Por: Andrés Gómez O.

“Si a los 30 años uno no tiene un iPhone incrustado con diamantes o un Rolls-Royce con interiores de cuero e iniciales grabadas, es un fracasado”, así comienza el artículo de AFP reproducido ayer por varios periódicos nacionales, y continúa diciendo que por 20.000 Euros “uno puede comprar un iPhone 5 con carcasa de oro rosa incrustado con diamantes de 7,28 quilates”(ver artículo). Estas palabras nos remiten a un sentimiento de época, habla de carencias individuales que sólo pueden ser subsanadas mediante el consumo, y en el caso de los nuevos ricos, de objetos ostentosos, imprescindibles para sobresalir de la masa. Dice Zygmunt Bauman: “La tarea de los consumidores, por lo tanto, y el principal motivo que los mueve a dedicarse a la interminable actividad de consumir, es alzarse de esa chatura gris de invisibilidad e insustancialidad”. Y aquí de nuevo podríamos mirar en más detalle las directas implicaciones que este tipo de consumo tiene en la crisis ambiental, y en particular, el caso de poblaciones cercanas que han sufrido por décadas las consecuencias directas de la explotación aurífera. ¿Es intrascendente el hecho de arriesgar la supervivencia de nuestros pueblos para complacer los caprichos del mercado del lujo?

La minería como proceso extractivo es por definición, intensiva en el uso de recursos: implica la remoción de la superficie vegetal y el posterior movimiento de toneladas de tierra, enormes cantidades de energía para el funcionamiento de su maquinaria y formidables volúmenes de agua para los procesos de separación del mineral objetivo. Utilizando como ejemplo la explotación de oro en el municipio de Marmato (Caldas), podemos extrapolar las consecuencias de esta actividad en cualquier territorio. Para el proyecto “Marmato”, propuesto por la “Gran Colombia Gold”, resulta rentable la explotación de un tenor de 0,9 g/ton. Esto significa que para extraer 0,9 gramos de oro (¡Un anillo de 16 g de oro de 14 quilates tiene 9,33 g de oro puro!) es necesario remover 1 tonelada de suelo que jamás podrá recuperarse. Asimismo, según cifras del proyecto, se generarían 160.600 toneladas de residuos al día durante 21 años. Una cifra es 23 veces mayor a la de generación de residuos de Bogotá, que se calcula en 7.000 ton/día (ver presentación). La utilización de mercurio es otra amenaza que enfrentan las regiones potencialmente productoras. Se usa para separar y extraer el metal, formando una amalgama que facilita su separación de la roca; la mezcla se calienta para que el mercurio se evapore y quede el oro. El límite máximo para exposición humana permitido por la OMS en el aire es de 1000 ng/m³, y en Segovia (Antioquia), se encontraron niveles de hasta 60.000 ng/m³ en sitios de fundición de Mercurio. No es casual que en esta zona se registraran, en un lapso de 3 años, 15 transplantes de riñón.

Podemos añadir otra característica común evidente en las zonas de producción minera: el aumento considerable de los índices de violencia y pobreza. En el trabajo “La locomotora minera ¿crecimiento compatible con la adaptación al cambio climático?” Guillermo Rudas presenta cifras precisas (ver documento). “En el caso de Antioquia, donde se localizan los municipios con mayor producción de oro del país, se registra un índice de muertes violentas significativamente superiores al promedio del resto de los municipios: 57 muertes por cada cien mil habitantes, contra 44 en los demás municipios. Si se compara con otros municipios antioqueños se registran, según cifras oficiales, 96 muertes violentas por cada cien mil habitantes, cifra que más que duplica el promedio de los demás municipios del departamento. De los departamentos estudiados, tres de ellos, Chocó, Bolívar y Córdoba, presentan tasas de mortalidad infantil, necesidades básicas insatisfechas (NBI) y situación de miseria significativamente superiores al municipio promedio del país”.

Si miramos las estadísticas globales de demanda de oro, nos encontramos con un dato estremecedor: el 80% de esta se reparte en un 44% para joyería y un 36% para lingotes en bancos. Los usos industriales y de medicina no llegan al 8% (ver tabla). El oro es un símbolo del éxito, y poco importa pensar en la sombra de destrucción y muerte que conlleva su extracción. Quien paga 20.000 Euros para usar el más exclusivo teléfono móvil no tendrá interés en esos pequeños detalles. Otra vez podemos quedarnos con las palabras de Zygmunt Bauman: “El despilfarro consumista, se les dice, es el signo del éxito, una autopista que conduce directamente al aplauso público y la fama. También aprenden que poseer y consumir ciertos objetos y vivir de determinada manera son requisitos necesarios para ser felices; y como “ser feliz” se ha transformado en la marca de la decencia humana y el único título merecedor de respeto, tiende a convertirse también en condición necesaria de la dignidad y la autoestima humanas”. Los nuevos ricos de Hong-Kong son felices.

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Los caminos de la felicidad

  1. Hugo QC

    Más allá del consumismo desmedido generado a partir de necesidades netamente mentales, está el arraigo a lo intrascendente y a la pérdida continuada de valores, que afortunadamente, aunque de manera tímida, empieza a ser contrastado con el pensamiento de la nueva generación.
    No obstante, debe acotarse que la generación de violencia no es exclusividad de zonas de minería, trashumante riqueza, o bondad económica por explotación del suelo.

  2. Juan David Alzate Tamayo

    Es impresionante la capacidad de destruccion de esta especie. Definitivamente el la busqueda de un crecimiento indefinido en un mudo con limites…es suicidio de especie.

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