¿Crecer?

Por: Andrés Gómez O.

No hay un solo día en el que no se insista en los medios de comunicación en algún tipo de noticia sobre crecimiento económico. El país necesita crecer a determinada tasa anual y de esta manera obtener mayores recursos para los sectores más vulnerables. La repetición incesante puede hacer que aceptemos estos postulados y terminemos pasando por alto las directas consecuencias del crecimiento económico: el cambio climático y sus implicaciones en la supervivencia del planeta en las condiciones en las que lo conocemos.
La ecuación fundamental dice que a mayor PIB (Producto Interno Bruto), mayor bienestar material de una sociedad, pero la práctica nos muestra que este bienestar no se distribuye equitativamente entre todos los individuos. En el caso colombiano, si tomamos como ejemplo el crecimiento de  los últimos años asociado a la explotación de recursos no renovables (petróleo, carbón, oro, etc.), vemos como las ganancias se distribuyen en la pequeña minoría de las transnacionales minero-energéticas que acuden a variadas argucias jurídicas para hacer mínimos pagos tributarios a la nación, pero sí distribuyen equitativamente en la totalidad de la población los pasivos ambientales producto de su actividad, como último caso ampliamente publicitado, el de la contaminación de la bahía de Santa Marta por el inadecuado transporte del carbón. El modelo de crecimiento se sustenta en la idea fantasiosa de un planeta con recursos infinitos que a su vez puede ser basurero infinito sin alterar sus condiciones. No podemos pretender, ante la magnitud de los problemas que enfrentamos a escala global, que nuestras sociedades y sus gobernantes pretendan actuar como si nada estuviera pasando. Debemos pensar en cómo nuestros hábitos individuales retroalimentan la catástrofe.

La versión casi publicitaria de la vida contemporánea nos muestra una masa de hombres con la misma idea de felicidad. El producto-vida que nos vende el modelo de crecimiento, de máximo confort, placeres sin límites, desperdicio, autos cada vez más grandes, obsolescencia inmediata de todo tipo de productos, vanguardia tecnológica, plantea una contradicción en el nuevo escenario que se vislumbra: una sociedad post-petróleo con limitaciones energéticas, desertificada espiritualmente y sometida a los rigores del cambio climático, la crisis alimentaria y el agotamiento económico. La globalización, tanto de los anhelos como los deseos, base fundamental para el crecimiento y propuesta en casi todos los aspectos de nuestra vida, tiene un costo real en términos de calentamiento global y agotamiento de recursos, pero no se tienen en cuenta al momento de determinar el precio de los productos. Si pensamos en la invasión callejera de productos chinos que alguna vez fueron producidos localmente, zapatos, camisetas y últimamente hasta sombreros típicos, es claro que los millones de toneladas de CO2 emitidos por los enormes buques que traen todas estas baratijas por miles de kilómetros no son considerados en el precio que pagamos (miren el ejemplo del Iphone). Es así como hoy en día devastamos amplias zonas de nuestras selvas para obtener materiales como el Coltán, los exportamos a través de cadenas de destrucción y muerte de manera ilegal por miles de kilómetros hasta los mercados asiáticos donde las grandes empresas de productos tecnológicos tienen sus fábricas, y luego regresan en otro gran desplazamiento hasta los almacenes en forma de atractivos artilugios que simbolizan nuestro estatus de modernidad y aceptación en la sociedad. En el modelo de crecimiento se externalizan estos costos ambientales y no se incluyen a los consumidores finales. Nuestras economías crecen, vivimos el frenesí del consumo y nada parece importarnos. Decía W. Benjamin “la vergüenza es la obra de la memoria contra el olvido. Es la sensación que nos invade cuando olvidamos casi por completo las expectativas sociales y nuestras obligaciones para con los otros, a cambio de nuestra satisfacción inmediata”. Preferimos olvidar.

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1 comentario

Archivado bajo Lo que somos

Una respuesta a “¿Crecer?

  1. Juan Carlos

    Totalmente cierto….todos estamos poniendo nuestro granito de arena para acabar con nuestro entorno para satisfacer nuestros gustos……..y lo peor de todo es q casi ninguno de nosotros estamos dispuestos a dejar a un lado el supuesto estatus que adquirimos a traves de las cosas que tenemos…

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